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Domingo 26 de Mayo 2019

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Escuela de samba promueve inclusión de niños discapacitados

AP Photo,, En esta foto del 22 de febrero de 2019, Israel dos Santos, de 31 años, baila samba durante un ensayo de la escuela de samba infantil Portela, en Río de Janeiro, Brasil. Por primera vez este año, cuando el grupo de niños de Portela desfile, niños con necesidades especiales bailarán y cantarán junto a los demás. (Foto AP/Silvia Izquierdo) Foto Capital Media
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05 de Marzo 2019
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RIO DE JANEIRO (AP) — “Mamá, voy a escribir una samba para Portela”.

Rosinea Fagundes, una brasileña de 54 años, pensó que se trataba de una broma. En un hogar sin tradición de músicos ni sambistas, su hijo Henrique –un adolescente autista de 17 años– había decidido probarse como compositor de una de las escuelas de samba más reconocidas y tradicionales de Río de Janeiro.

Su inclusión en esta institución y la participación que Henrique tendrá en un desfile de carnaval la próxima semana son síntomas de nuevos tiempos en Brasil, donde en los últimos años hubo cambios que avanzaron en la integración de personas con deficiencia y en el combate a la discriminación.

La letra de la “samba para la inclusión” –como Henrique bautizó su composición– era la confirmación de una pasión que había comenzado a cultivar desde muy pequeño. Con sólo cuatro años, pasaba horas frente al televisor viendo siempre el mismo DVD, que tenía un compilado de samba. Rosinea percibió que instintivamente su hijo comenzaba a reproducir el sonido de la batería con sus manos, por lo que decidió comprarle una pandereta y luego un tamboril, el instrumento que adoptó hasta estos días.

Desde hace cuatro años, el joven brasileño integra la batería de Filhos de Águia (Hijos de Águila), la escuela juvenil de Portela, y además forma parte de la mayor.

“Cuando estoy en una escuela de samba siento mucha felicidad”, explica Henrique.

Por primera vez en la escuela juvenil de Portela, este año las personas con alguna discapacidad dejarán de tener un lugar propio en el desfile y convivirán con el resto de los jóvenes sambistas.

Como Henrique, cada año hay cerca de unos 800 niños y adultos con algún tipo de deficiencia física, psíquica o cognitiva que protagonizan una fiesta de carnaval diferente, enfocada en la inclusión.

Lejos de los flashes y los presupuestos abultados que reciben las escuelas de samba de élite, 16 escuelas de samba “Mirins” o juveniles desfilarán el próximo martes y llevarán entre sus filas a decenas de personas con discapacidad para plantear una lucha contra los preconceptos y la discriminación. Gracias a la celebración y la alegría de la samba, cientos de jóvenes aprenden a sobreponerse a sus dificultades.

Aunque desde hace más de una década las escuelas mirins incorporan personas con deficiencia, en los últimos tiempos esa población adquirió cada vez mayor protagonismo en número y espacio. Otras escuelas de samba juveniles como Tijuquinha do Borel, Estrelinha da Mocidade y Aprendizes do Salgueiro también eliminaron los lugares especiales o reservados para discapacitados y comenzaron a mezclarlos con otros jóvenes sambistas.

Uno de los principales hitos fue la aprobación en el Congreso brasileño de la Ley de Inclusión en 2015. La norma benefició a 45 millones de brasileños con algún tipo de deficiencia al incluirlos en escuelas convencionales y afirmó la autonomía y capacidad de esas personas para ejercer actividades de la vida cotidiana.

Henrique se comunica con pocas palabras. Parece elegirlas meticulosamente para que cada una sea expresiva, como cada uno de los sonidos que genera con los golpes de palillo sobre su tamboril.

Tiene claro cuál es su meta: “Mi sueño es ser algún día campeón con una escuela de samba”.

Rosinea dice que, aunque su hijo tiene una limitación, “la música nace de él”, como si fuese su propio lenguaje, y asegura que la samba le permitió a Henrique vencer algunas de sus dificultades.

“Él siempre tuvo desde chico falta de confianza y dificultades para comunicarse, pero lo va superando. La samba logró eso”, asegura la madre de Henrique.

Para Celso Andrade, presidente de Filhos de Águia, hay una sola respuesta que explica la mejora en la comunicación y el desenvolvimiento de los y jóvenes con deficiencia gracias a la samba.

“Socialización. Cada chico que llega a un club de samba, sea especial o no, encuentra a otros, establece una conversación y hasta samban juntos. Es un proceso natural”, dice.

Andrade se jacta de que la escuela que preside fue la primera en ser oficialmente Mirim, en el año 1968.

“Acá no importa el color de piel, la religión o si alguien tiene algún tipo de deficiencia. Todos son iguales, portelenses”, asegura.

Además de incluir personas discapacitadas, Filhos de Águia realiza una tarea de contención social. A través de un acuerdo con la alcaldía de Río de Janeiro, este año recibe a nueve niñas de la calle víctimas de violencia sexual.

“La samba es alegría. Es lo que ellas perdieron y vienen a recuperar”, dice Valeria Nobre, coordinadora del hogar temporario para mujeres Frida Khalo, en la zona norte de la ciudad.

Igor Gondim, de 38 años, no habla. Está sentado y casi inmóvil. Con su brazo derecho apoyado en una mesa de las mesas del club Portela, sostiene su cabeza. Tiene la mirada perdida, triste.

Adilson Gondim, de 78 años, explica que su hijo Igor, quien tiene un retraso mental e integra un ala de Filhos de Águia, perdió a su madre hace siete meses y aún no se recupera de un cuadro depresivo.

“Es un trabajo muy lindo el que hacen acá”, dice Adilson. “Esta sociedad carga muchos preconceptos hacia los especiales, en alguna medida los rechaza, pero llegan acá e interactúan con mucha facilidad y se sienten más sueltos para comunicarse”.

“Mi hijo tiene dificultad para comunicarse, pero cuando llega aquí se comunica con todos. Esto es casi una terapia”, agrega.

Raquel Siqueira da Silva, doctora en psicología especialista en musicoterapia y profesora de la Universidad Federal del Sur de Bahía, refiere que en la escuela de samba los niños trabajan su “autonomía”, que les permite comunicarse mejor. “Cuando un niño compone una música o baila dentro de un desfile, deja de tener cualquier marca de identificación que lo discrimine y comparte un mismo espacio en el que, gracias a la música, recibe y percibe varias emociones y sentimientos”, dice.

La batería de la escuela empieza a sonar y marca el inicio del ensayo. De a poco, Igor comienza a incorporarse y, algo contrariado, se une al ensayo.

“La samba anima a las personas. Se acaban los preconceptos, los problemas y las limitaciones”, dice Adilson.

Igor se suma al desfile. Casi por inercia, sus piernas comienzan a moverse al ritmo de la música. En su rostro y en la de sus compañeros se dibujan sonrisas y aparecen gestos de alegría.

“Filhos da Águia llegó”, canta la banda. El carnaval está por comenzar.

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