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Miércoles 21 de Octubre 2020
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La explotación sexual prospera en el Amazonas peruano pese a medidas en contra de la minería ilegal

LYNXMPEG0K17E.jpg,Un bar es fotografiado en un campo de minería ilegal en Madre de Dios, Peru, 5 de marzo del 2019. REUTERS/Guadalupe Pardo/; Crédito: Guadalupe Pardo, Reuters

LYNXMPEG0K17E.jpg,Un bar es fotografiado en un campo de minería ilegal en Madre de Dios, Peru, 5 de marzo del 2019. REUTERS/Guadalupe Pardo/; Crédito: Guadalupe Pardo, Reuters

21 de Enero 2020
PERU-TRAFFICKING:La explotación sexual prospera en el Amazonas peruano pese a medidas en contra de la minería ilegal

Por Anastasia Moloney

PUERTO MALDONADO, Peru, 21 ene (Thomson Reuters Foundation) – Claudia tenía 14 años de edad cuando fue sometida a la trata para ejercer la prostitución forzada en la selvática ciudad peruana de Puerto Maldonado, donde el auge de la minería ilegal del oro había generado una industria del sexo en pleno crecimiento.

    Fue forzada a trabajar en una de las docenas de prostíbulos que surgieron en las cercanías de las minas y a lo largo de la autopista principal que atraviesa las vastas selvas de Madre de Dios en el Amazonas peruano, escenario de una moderna vorágine del oro después de que los precios globales se dispararan hace una década.

    Cuando las fuerzas militares peruanas lanzaron medidas severas contra la minería ilegal del oro en la zona en febrero pasado, las autoridades rescataron a decenas de mujeres y niñas, muchas de ellas menores de edad, lo que despertó la esperanza de que se frenara el flujo de víctimas.

    Pero ello no resultó así.

    Un año más tarde, los habitantes de la zona dicen que las medidas severas, denominadas Operación Mercurio, simplemente han logrado trasladar las minas ilegales a las profundidades de la selva, y los prostíbulos y bares han seguido su camino.

“Los mineros todavía van a los bares. Se ven los bares y las chicas esperando afuera. Nada ha cambiado”, dijo Claudia, hoy de 19 años de edad, quien pidió que no se usara su verdadero nombre porque su familia no sabía de su trabajo.

“Hay pocos otros trabajos para las mujeres en Puerto Maldonado. Es triste ver a mujeres y niñas fuera de los bares, pero necesitan el dinero”, le comentó a la Fundación Thomson Reuters.

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‘EFECTO GLOBO’

    La vorágine del oro en Madre de Dios destruyó grandes extensiones de bosque en una de las regiones más biodiversas de Perú, dejando a su paso un paisaje de tipo desértico cubierto de cráteres muertos y ríos contaminados con mercurio.

    El gobernador regional Luis Hidalgo dijo que alrededor de 30.000 mineros habían perdido sus empleos a causa del cierre de las minas ilegales, pero reconoció que desde entonces estas se asentaron en otros lugares de la selva tropical.

    “La trata de personas no ha acabado”, indicó Hidalgo en su oficina de Puerto Maldonado, la capital del departamento de Madre de Dios.

    “Hay un efecto globo”, agregó, refiriéndose a la idea de que el hecho de extraer bruscamente el aire de un globo en un lugar solo hace que reaparezca en otro lugar.

    Durante los operativos las autoridades encontraron 69 mujeres y 51 niñas trabajando en bares y prostíbulos de la región, según informó el Ministerio de la Mujer.

    Descubrieron pequeñas habitaciones vacías en la parte trasera de los bares, separadas por láminas de plástico, cada una con un colchón en el piso que los clientes usan por 10 minutos por vez.

    Las más jóvenes son particularmente buscadas por los mineros, quienes creen que tener relaciones sexuales con una virgen les trae buena fortuna, según afirman los activistas contra la trata.

“Se captan a las mujeres y niñas con falsas promesas de trabajo y luego se las obliga a tener relaciones sexuales (con mineros). Cuando los jóvenes son menores, mejor, más pueden cobrar”, dijo Mercedes Arce, coordinadora del grupo antitrata CHS Alternativo.

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ATRAPADAS

    Muchas de las víctimas de la trata sexual provienen de comunidades agrícolas indígenas que se encuentran a cientos de kilómetros de distancia en el altiplano andino.

    Por lo general, son pobres y con poca educación, lo que las convierte en presa fácil para los traficantes, quienes atraen a sus víctimas con falsas promesas de trabajos bien pagos como limpiadoras y cocineras en restaurantes y bares.

    María todavía era una adolescente cuando dejó atrás su casa rural y sus cinco hermanos en busca de una vida mejor, y terminó como trabajadora sexual en uno de los tantos bares de la región.

“Me ofrecieron mucho dinero. No pensé en las consecuencias”, dijo María, que hoy tiene 20 años, y quien dijo que no quería que se usara su verdadero nombre por sentirse avergonzada.

“Quería ser independiente. Quería cosas, comprar ropa y tener un celular”, comentó María, que fue rescatada en 2017 y ahora espera convertirse en esteticista para cuidar de su pequeño hijo. Sus traficantes se encuentran ahora en prisión.

    Las mujeres y las niñas de los bares suelen empezar a trabajar como “ficheras” (derivado de ficha, palabra de la jerga que significa tapa de botella), un trabajo que implica sentarse junto a los mineros y animarlos a beber.

    Por cada bebida vendida, se les paga una pequeña cantidad, y las que más venden suelen ser seleccionadas por los dueños de los bares para el trabajo sexual.

    Algunas quedan atrapadas en cautiverio por deudas. Una vez que están en los campamentos y bares de las minas, los traficantes les dicen que tienen que pagarse el transporte, la comida y el alojamiento.

    Las mujeres y las niñas también son multadas si desobedecen las reglas que van desde salir del bar sin permiso hasta acostarse temprano y discutir con sus compañeras de trabajo, dijo Luz Amelia Saavedra, que dirige la oficina de trata de personas de la fiscalía local.

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NUEVOS BARES

    En los últimos meses, ha surgido un nuevo grupo de bares en Laberinto, detrás de la autopista principal que atraviesa la selva, un lugar apartado a una hora de distancia del anterior centro minero de La Pampa.

    Pero incluso en la ciudad principal de Puerto Maldonado, el sexo se ofrece abiertamente en algunos bares, lo que pone en relieve el desafío que enfrentan los fiscales que tratan de combatir el negocio.

    En un sórdido bar, donde el rancio olor a sudor y a alcohol llenaba el aire húmedo, una mujer acariciaba la ingle de un minero mientras este se embriagaba con el sonido de la música reguetón a todo volumen.

    Afuera, cerca de una docena de mujeres vestidas con poca ropa estaban sentadas en fila en sillas de plástico, enviando mensajes en sus celulares mientras esperaban a los clientes, un escenario típico.  

    La prostitución de adultos es legal en Perú, las mujeres pueden ganar un promedio de 600 dólares al mes vendiendo sexo en bares (más del doble de un salario mínimo mensual).   

    Con pocas ofertas de otros trabajos y lejos de sus familias, las víctimas rescatadas a menudo se encuentran atrapadas en la pobreza extrema, lo que hace difícil romper el ciclo.

Muchas terminan volviendo al trabajo, según los fiscales y los grupos antitrata.

“La gente piensa que las mujeres quieren estar allí (en los bares), pero no piensan por qué están allí”, mencionó la fiscal Saavedra.

    Pocas de las 120 mujeres rescatadas en los operativos del año pasado han encontrado un nuevo trabajo. El Ministerio de la Mujer dijo que había ayudado a dos mujeres a encontrar trabajo, pero varias de las niñas rescatadas siguen en refugios estatales.

    Menos de 10 mujeres que fueron rescatadas dijeron que querían recibir ayuda del gobierno y la mayoría no quería regresar a sus hogares ni testificar contra sus traficantes, dijo Virginia Rojas, coordinadora regional del Ministerio de la Mujer en Puerto Maldonado.

“No se reconocen como víctimas”, expresó.

El enjuiciamiento también ha resultado difícil. Madre de Dios ha tenido 22 condenas por trata de personas desde el 2017, la mayoría relacionadas con la explotación sexual de niñas, según Saavedra, que tiene unos 100 casos de trata pendientes de resolución.

   Los traficantes de Claudia se encuentran actualmente cumpliendo penas de prisión por trata de personas y por explotarla sexualmente.

Pero ello le trae poco consuelo.

    “Sentí pena por ellos”, dijo Claudia, sentada en una choza de madera de una sola habitación en un suburbio ubicado en las afueras de la ciudad.

“No tengo trabajo ni dinero. Pero no puedo dejar a mi bebé. Tengo que terminar el colegio antes de tratar de conseguir trabajo”.

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(Reporting by Anastasia Moloney, Editing by Claire Cozens. Please credit the Thomson Reuters Foundation, the charitable arm of Thomson Reuters, that covers humanitarian news, women’s and LGBT+ rights, human trafficking, property rights, and climate change. Visit http://news.trust.org)

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