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Sufrir migraña, tormento sin fin

Fernando, ingeniero civil, caminaba por el centro de la ciudad cuando frente a él y con el Sol brillante de mediodía, notó que parte del rostro de la persona frente a él –antes de cruzar un semáforo– aparentemente desapareció.

Siguió su camino un poco confundido, pero se percató que un circulo de luz aparecía cada vez que fijaba la vista y que, por momentos, le impedía ver por donde caminaba.

Después de unos minutos, un fuerte dolor de cabeza comenzó a atacarlo al grado de perder la orientación. Hasta que logró llamar a su hermano para que lo auxiliara y le ayudara a llegar a casa.

Este cuadro clínico describe sólo algunos de los síntomas de una de las enfermedades neurológicas más comunes y antiguas en el mundo: la migraña, la cual es conocida desde el siglo VII a. C., cuando se creía que ese dolor de cabeza era causado por demonios. La migraña representa un tipo particular de cefalalgia que puede tener, por lo menos, cinco episodios de molestia, la cual, en caso de llegar a la fase aguda, es capaz de producir discapacidad, aseguró el académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Felipe Arturo Vega.

El primer episodio generalmente se presenta en la niñez, pero este padecimiento persiste a lo largo de la vida; los picos más agudos ocurren entre los 25 y 45 años, y se extienden hasta los 65, expuso el especialista.

Vega señaló que en México, la prevalencia de migraña ronda 16 por ciento. “Si hablamos de una población de más de 120 millones (según el último conteo de Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) en 2015, ese año éramos 119 millones 938 mil 473), entonces deducimos que hay casi 20 millones de pacientes con la enfermedad”, detalló el académico.

Describió que la migraña tiene por lo menos cinco episodios de dolor que duran entre cuatro y 72 horas en adultos, y de dos a 48 horas en niños; al principio se localiza en una de las dos mitades de la cabeza, tiene carácter pulsátil, su intensidad aumenta gradualmente y se agrava con la actividad física.

“Puede ser tan intenso en su fase aguda que, a veces, el enfermo no puede subir las escaleras; pues con el esfuerzo, el malestar se incrementa. Además, suele acompañarse de molestias por la luz y el ruido y, en ocasiones, de náusea y vómito”, expuso.

La migraña, afirmó, pertenece al grupo de las cefaleas primarias; es decir, no es causada por lesiones cerebrales ni sistémicas; en el caso de las mujeres, son más intensas; en ellas, un factor desencadenante frecuente es el periodo menstrual.

Aunque no hay una causa específica, en muchos casos se relaciona con factores familiares (componente genético), pues “hemos visto que, con frecuencia, los pacientes tienen padres, tíos o algún familiar en línea directa que sufre migraña”.

Especificó que cada episodio puede tener diferentes detonantes medioambientales como el estrés, ciertos alimentos y/o bebidas como el queso, chocolate, comida china, alcohol, café y vino tinto, entre otros.

El neurólogo universitario subrayó que este padecimiento no tiene cura, pero existen tratamientos para mantenerlo controlado y mejorar la calidad de vida de los afectados; no obstante, señaló que, de igual manera, es importante identificar si hay algún factor motivante, para evitarlo.

Vega reiteró que, en si, cuando ya se presentó el episodio, es necesario administrar analgésicos de acción rápida; y si ocurre más de tres veces al mes, lo indicado son los medicamentos “profilácticos” por etapas determinadas, para disminuir la intensidad y periodicidad.

También existen otras alternativas, como la acupuntura, yoga, relajación y ejercicio, abundó.