Capital Querétaro

El contrato social

Jean-Jacques Rousseau cambió la historia del mundo con un libro, El contrato social.

La revolución que recorrió Europa y que se transmitió al resto del mundo estaba basada en un eje fundamental: no se puede aspirar a ningún entendimiento y a ninguna capacidad de supervivencia sobre la base de que una parte de la población, que en muchos casos es la mayoría, no tenga ni para comer.

Ahora, ese contrato que sigue vigente marca lo mismo, no hay desarrollo, ni estabilidad sin un reparto equitativo de los recursos que hay en el planeta Tierra.

Hemos fracasado una y otra vez. Y hay casos como el que vive nuestro país en este momento en el que, en medio de la macropolítica, la diferencia entre lo que se pide y lo que se ha conseguido respecto al salario mínimo, marca la explicación de por qué estamos como estamos y por qué el contrato social sigue siendo necesario.

Y en ese sentido, no hay ninguna razón para pedirle a la gente que tenga paciencia, sobre todo cuando existen tantas fallas estructurales.

Porque si el mundo y México no tienen el sentido común de cuidarse y cuidar la base de la estabilidad social, ¿con qué derecho se le puede pedir a las víctimas que procuren el bienestar de los verdugos?

La historia del incremento del salario mínimo va más allá de lo que se puede y no se puede hacer al respecto, porque es una situación que llega a la estructura de la oferta social en el país al tiempo en el que se configuran las candidaturas presidenciales.

Hubo un momento en el que el mundo vivió aterrorizado por la doble pinza del Banco Mundial y el FMI.

Todo aquel que se atreviera a soñar o a salirse de la disciplina fiscal, era un proscrito. Y todo aquel que fuera capaz de desafiar por unos programas de desarrollo económico –ya no populistas, ni demagógicos, sino que simplemente llenaran el estómago de su pueblo–, era considerado como un peligro que rechazaba las costumbres del buen gobierno.

Pues bien, sepan los candidatos, estén en Hacienda, en Educación, en Gobernación o sean presidentes de los partidos de oposición; que la dictadura del Consenso de Washington, terminó.

Sepan los candidatos que todo eso se hizo en nombre de lo que hoy desde la Casa Blanca denuncia el presidente estadounidense.

Sepan los candidatos que ahorrarse unos pesos en el salario mínimo y no apostarle a la creación de empleos, significa condenarnos a una revolución que no va a ser pacífica en un país que año con año va superando sus niveles de violencia.

Sepan los candidatos que los sacrificios que ellos hacen en función de la limitación de su formación y de lo que observaron cuando eran estudiantes, ya no tiene vigor, ni crea víctimas inocentes en un mundo que cada día es más injusto.

@antonio_navalon