Capital Querétaro

Los reyes y virreyes del pueblo

Establece la Constitución General en sus artículos 39 y 40 que la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo y que decidimos constituirnos en una República, representativa, democrática, laica y federal, pero a poco más de 100 años de su promulgación, los partidos políticos se han encargado de nuli car el contenido de los preceptos citados.

Tenemos como forma de gobierno una República corrompida por un Supremo Poder Ejecutivo Federal con atributos superiores a los de cualquier rey o monarca en el mundo, acompañado por 32 virreyes en los poderes ejecutivos locales, quienes deciden sobre la vida, muerte, justicia, patrimonio, educación, salud y todos los derechos de una población dócil, mayoritariamente en la pobreza, incultura e ignorancia política.

La representatividad en las legislaturas del país es una farsa, porque todas viven subordinadas y sometidas a la voluntad del rey (presidente) o virreyes (gobernadores), sin importar del partido político que provengan, porque cuando hay “línea”, la oposición se convierte en sumisión a través de la corrupción y seducción monetaria usando indiscriminada e ilegalmente el dinero del pueblo, vergonzosamente los jerarcas e impartidores de justicia del Poder Judicial Federal y sus pares en las entidades federativas son producto de la designación indirecta del monarca y de los virreyes por consigna a sus esclavos legislativos.

La democracia en México es una utopía y un vocablo sin sentido, ya que quienes son producto del inducido y comprado voto popular, son electos mediante procesos electorales fraudulentos, con cada vez menos porcentaje de legitimidad y durante el periodo de encargo, se enriquecen por su silencio cómplice, sometimiento indigno a los poderes ejecutivos, ineficacia legislativa y permanentes atentados que se traducen en leyes en contra de la ciudadanía.

De lo laico puedo afirmar que no es cierto, ya que la educación en México y los gobernantes están influenciados por el fáctico poder eclesiástico. El federalismo
en decadencia es una copia mal hecha de sus creadores, los norteamericanos que de una confederación en sus antiguas colonias crearon estados y éstos últimos dieron origen a un Gobierno Federal que hoy prevalece. En México un poder monárquico (presidencialista) centralizado fue creando estados a placer y moviendo a su conveniencia a los virreyes en turno.

Aún así, ante tan desalentador escenario, podemos unirnos, organizarnos, empoderarnos para mejorar las condiciones existentes y cambiar el destino de las nuevas generaciones a las que debemos educar, proteger y garantizar un futuro de oportunidades, trato digno y justicia social. La participación ciudadana no asociada políticamente es una opción que ante las circunstancias que vivimos, se convirtió en una obligación.