Capital Querétaro

Negocios citadinos

La primera vez que leí acerca de la adquisición de 400 mil alarmas vecinales por parte del Gobierno de la Ciudad de México, decidí realizar una investigación periodística.

Me di a la tarea de visitar diversas empresas para darme cuenta del monto que se debía pagar de acuerdo con el número de aparatos adquiridos, y me encontré con un jugoso negocio puesto que adquirieron ese número a precio alzado, con una utilidad neta para el comprador cercana a los mil millones de pesos.

Así de simple, el negocio realizado al poco tiempo de haber llegado Miguel Ángel Mancera a la Jefatura de Gobierno del aún Distrito Federal. Mil millones de pesos no es una cantidad cualquiera, y por mucho que se repartiera entre varios, cualquier participación otorgaba al beneficiario la posibilidad de nunca volverse a preocupar por el asunto económico. Mil millones de pesos de “comisión” hace potentado a cualquiera, y por mucho que la utilidad se hubiera repartido entre varios, ninguno de ellos tendría que preocuparse por trabajar el resto de su vida.

Estoy hablando de un solo negocio, pero desde el Gobierno de la Ciudad de México se realizan un sinfín de transacciones económicas encubiertas por el manto de la necesidad de dotar a los ciudadanos de implementos y elementos para su seguridad, como fue el caso de las alarmas referidas. Pero 400 mil alarmas era una cantidad nimia en comparación a las casas y departamentos que existen en una ciudad con cerca de diez millones de personas, donde el promedio por casa habitación es de cinco personas.

Las alarmas siguieron siendo un buen negocio, porque al cabo de los años se fueron realizando compras para masificar la protección de los citadinos. Tan solo en 2014 los datos hablan de la compra de 501 mil alarmas vecinales, muchas de las cuales ya no funcionan porque fueron colocadas y nunca se les dijo a sus tenedores la forma en que operan, y el mantenimiento que requieren. Por eso es que muchas dejaron de funcionar, pero también fue detectado un escandaloso sobreprecio y un elevado costo en el mantenimiento.

Tan buen negocio representó la adquisición de alarmas vecinales, que el señor Mancera piensa ya en adjudicarle otro contrato multimillonario para la sustitución y adquisición de un nuevo equipo de videovigilancia para el C5. Lo peor de todo es que el equipo que se daña no tiene compostura y por lo consecuente tiene que ser sustituido. Pero también se adquirieron botones de pánico, vehículos blindados, helicópteros, arcos carreteros lectores de rostro, lectores de placas de vehículos, drones, y vigilancia satelital. Ya se imaginará usted la utilidad. Tanto ha sido el favoritismo del negocio a Seguritech, que en tan solo 11 entidades ha obtenido contratos por 22 mil 307 millones de pesos. Es fácil hablar de cantidades de inversión para el bienestar de los ciudadanos, pero la realidad es que la farsa de las adquisiciones se da simplemente porque hay que gastar para ganar. Y no importa que lo adquirido se requiera o no, o deje de funcionar, porque lo más importante son las utilidades monetarias. Así de simple. Al tiempo.

vladimir.galeana@gmail.com