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Lunes 13 de Julio 2020
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Tras la reapertura, un hospital japonés se enfrenta a las secuelas del coronavirus

LYNXMPEG6038S.jpg,Kentaro Sato, médico del Hospital Seibu, vestido con un equipo de protección individual en la unidad de cuidados intensitvos del centro en Yokohama, Japón, el 18 de junio de 2020. REUTERS/Kim Kyung-Hoon; Crédito: KIM KYUNG-HOON, Reuters

LYNXMPEG6038S.jpg,Kentaro Sato, médico del Hospital Seibu, vestido con un equipo de protección individual en la unidad de cuidados intensitvos del centro en Yokohama, Japón, el 18 de junio de 2020. REUTERS/Kim Kyung-Hoon; Crédito: KIM KYUNG-HOON, Reuters

01 de Julio 2020
SALUD-CORONAVIRUS-JAPON:Tras la reapertura, un hospital japonés se enfrenta a las secuelas del coronavirus

Por Mari Saito y Ami Miyazaki

YOKOHAMA, 1 jul (Reuters) – Un grupo de médicos vestidos con batas blancas y uniformes azules se reunió en junio alrededor de una mesa en una sala de conferencias con las miradas puestas en una colorida presentación de diapositivas proyectada en la pared.

“¿Cómo se supone que va a memorizar nadie esto?”, preguntó un médico sentado en la parte de atrás mientras Yoshihiro Masui, el director del centro de cuidados intensivos del Hospital Seibu de la ciudad de Yokohama, estudiaba las diapositivas. 

La presentación, llena de diagramas de flujo codificados por colores, mostraba decenas de nuevos protocolos de seguridad para todo, desde las intervenciones quirúrgicas rutinarias a la diálisis.

Semanas antes, el Hospital Seibu había sido el escenario de uno de los peores brotes de coronavirus en Japón, con unas 80 personas que dieron positivo en la prueba de COVID-19, incluidos 43 miembros del personal. Para cuando el hospital logró contener la propagación, habían muerto 13 pacientes ancianos.

Durante la mayor parte de mayo, el hospital de 500 camas, situado en una ciudad portuaria a 30 km al sur de Tokio, había permanecido vacío. Después del brote, tuvo que interrumpir casi todos los servicios ambulatorios. Se exigió a médicos y enfermeros que pasaran dos semanas en sus casas, atentos a los síntomas que pudieran manifestar antes de volver al trabajo.

Ahora, cuando el país se encuentra en plena fase de levantamiento del estado de emergencia, hospitales como el Seibu se enfrentan a la perspectiva de funcionar a la sombra de un virus que todavía carece de tratamiento o cura.

“No podemos volver a registrar un brote como el que hemos experimentado”, dijo Masui, un médico de urgencias que ha sido el encargado de la respuesta del hospital al coronavirus. “Lo que hemos aprendido es que realmente esto puede ocurrir en cualquier lugar”. 

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NUEVA NORMALIDAD

Los médicos y enfermeros de Seibu fueron de los primeros en movilizarse en Japón en respuesta a la pandemia, aceptando a los pasajeros enfermos del crucero Diamond Princess en febrero.

Tras haber tratado a decenas de pacientes con coronavirus, un hombre sin fiebre ni otros síntomas aparentes fue trasladado a la unidad de emergencias a principios de abril. El hombre permaneció en una habitación con otro paciente antes de ser dado de alta en otro centro. Cuando el personal se enteró a finales de abril de que el hombre tenía el virus, ya se había extendido a otras alas del hospital.

Masui dice que se sintió responsable del brote.

“Presioné al hospital para que acogiera a los pacientes sospechosos de tener coronavirus, sabiendo que otros hospitales los rechazaban”, dijo durante uno de los infrecuentes descansos que le permiten sus turnos de trabajo. “Fui yo quien convenció al jefe del hospital para que acogiera a estos pacientes”.

Más de 18.000 personas han dado positivo por el virus en Japón. Las cifras de nuevos casos de coronavirus han disminuido desde mediados de abril, mientras que con 971 muertes el país ha logrado evitar hasta ahora las catastróficas cifras de muertes vistas en otros lugares.

Pero para los trabajadores sanitarios, los nuevos brotes siguen siendo una amenaza constante. El periódico The Mainichi ha contabilizado 99 instalaciones médicas en las que se han registrado infecciones.

Los nuevos protocolos de seguridad para protegerse del coronavirus pueden dificultar la adopción de medidas para salvar vidas.

Kentaro Sato, un médico de 29 años de la unidad de emergencias, pasó dos semanas en su casa tras haber reanimado a un niño que sufrió un paro cardíaco de forma repentina.

“Sabía que tenía que ponerme una bata, pero pensé: ‘no es más que un niño y tengo que hacer algo para ayudarlo’”, dijo Sato, quien se enteró más tarde de que el paciente tenía fiebre y se sospechaba que padecía COVID-19. Antes de que la prueba diera negativo, Sato pasó días preocupado por la posibilidad de haber contagiado el virus a sus colegas y a otros pacientes.

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AGUANTAR

Meses antes de su aparición, el hospital había acogido a pacientes rechazados o remitidos por otros hospitales. Una vez, el Seibu admitió a un paciente con coronavirus que había sido rechazado por casi 100 hospitales de Tokio, dijo Fumiaki Sano, el subdirector del hospital.

“Ahora me pregunto si tal vez hemos aceptado demasiada gente”, dijo Sano en su oficina con vistas a los árboles del aparcamiento. Después de que se extendiera la noticia del brote, el hospital recibió una avalancha de llamadas airadas de los negocios cercanos. Algunos enfermeros sufrieron el rechazo de sus vecinos cuando se enteraron de que estaban tratando a pacientes con coronavirus.

Desde que reanudó sus operaciones el 8 de junio, el hospital ha atendido a 450 pacientes al día. Cualquiera que requiera pasar la noche en el hospital es sometido a una prueba de detección del virus y es alojado en una sala de aislamiento durante su estancia. El hospital está admitiendo sólo 60 pacientes a la vez, manteniendo la mayoría de sus salas vacías. 

“Así no podemos seguir a flote”, dice Sano, añadiendo que el hospital había perdido más de la mitad de sus ingresos por servicios ambulatorios en mayo. 

A la entrada del hospital, los pacientes ancianos esperaban en fila a que les tomaran la temperatura. El personal, pertrechado con protectores faciales, mascarillas y guantes de plástico, vigilaba las puertas automáticas del hospital, pidiendo a cada paciente que respondiera a una decena de preguntas antes de dejarlos entrar. 

En el interior, en un pasillo oscuro alejado del concurrido vestíbulo del hospital, una carta de Sano dirigida al personal colgaba en un tablón de anuncios.

“Estoy seguro de que muchos de vosotros, como yo, sentís angustia, preocupación, remordimientos y sufrimiento”, escribió. “Pero tenemos pacientes esperando a que reabramos y tenemos el deber de proporcionar la atención médica necesaria a nuestra comunidad.”

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(Información de Mari Saito y Ami Miyazaki; editado por Gerry Doyle; traducido por Darío Fernández en la redacción de Gdansk)

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